
Esta es una de varias entradas sobre estética que estaré realizando en este blog. Deseo abordar la filosofía de la experiencia estética al menos desde tres puntos de vista distintos: de la mano de los filósofos Schopenhauer y Nishida, y además aplicando la teoría estética nativa al Japón. Mi objetivo a largo plazo es proponer una teoría estética de la matemática.
Schopenhauer y su sistema filosófico
Schopenhauer (1788-1860), gran pensador alemán del s. XIX, plantea una filosofía basada en la experiencia humana, que con frecuencia es denominada "pesimista". Es de notar que Schopenhauer se basó en la filosofía kantiana para desarrollar sus propias ideas, y posteriormente incorporó influencias de la filosofía oriental. Otro comentario interesante es que su trabajo contiene elementos precursores del psicoanálisis de Freud.
Cuando encontré a este autor no pude evitar sentirme intimidado: sentí que estaba estudiando a mi primer "gran filósofo". Sin embargo, ha sido un honor darme cuenta de que mis experiencias de vida me han permitido comprender algunas de sus ideas.
A grandes rasgos, Schopenhauer propone un sistema metafísico, desarrollado en su obra "El mundo como voluntad y representación" (1819), en el cual el sujeto de la experiencia humana es arrastrado por una voluntad (Wille) impulsiva, ciega e irracional cuyo único propósito es la propagación de la vida.
En su sistema metafísico, todos los objetos de la realidad constan de dos partes: "fenomenal" (su representación, Vorstellung) y "noumenal" (su esencia). En el lenguaje kantiano, la voluntad de Schopenhauer es el "nóumeno", en el sentido de que surge como la esencia o base de la percepción de todos los objetos (o "fenómenos") a nuestro alrededor.
Una experiencia humana universal es aquella de conocernos a nosotros mismos mediante la introspección: al mirar hacia adentro, entenderemos que la percepción de nuestro cuerpo (una representación) viene acompañada de fenómenos relacionados a la voluntad: deseos, impulsos, instintos, etc. Luego, nuestro cuerpo tiene un aspecto dual de representación/voluntad. Con el objetivo de postular un principio unificador de la realidad, Schopenhauer va más allá y propone que todos los objetos percibidos por un sujeto (representaciones) no son sino manifestaciones de una la misma voluntad que nos gobierna a nosotros y a toda la realidad.
Las diferentes representaciones de la realidad se deben a la forma en que la voluntad es objetificada por el sujeto; dependiendo de la profundidad de la percepción, la objetificación posee distintos niveles. Para Schopenhauer, toda vez que la mente humana intenta percibir la realidad, se produce inmediatamente una objetificación de la voluntad en ideas platónicas de carácter universal: esta no es sino la esencia o nóumeno de los objetos y fenómenos que percibimos. Posteriormente cada mente refina su percepción hasta captar nuestra realidad cotidiana.
Ahora bien, debido a que la objetificación tiene lugar dentro de cada sujeto que participa en la realidad, y dado el carácter inmanente y caótico de la voluntad, la consecuencia de ello es que la voluntad es fragmentada en diferentes sujetos, empujados a experimentar la realidad en desorden y sin propósito alguno. Luego, la culminación de este sistema metafísico es un universo en frustración perpetua, impulsado a perpetuarse sin ningún fin último. ¡He aquí el pesimismo de Schopenhauer!

Nota: He omitido algunos tecnicismos filosóficos sobre la objetificación de la voluntad, que se basa en el principio de suficiente razón y sus variantes introducidas en la disertación doctoral "Sobre la cuádruple raíz del principio de suficiente razón" (1813).
Concluimos este resumen con algunas peculiaridades de esta filosofía. Notamos que, difiriendo de Kant, el nóumeno según Schopenhauer sí puede ser conocido por nosotros a través de la introspección y en general profundizando nuestra percepción de la realidad. Otra observación sutil es la relación entre voluntad y representación, que no obedece a ninguna causalidad, sino más bien se tratan de la misma realidad percibida de diferentes formas, correspondiente a la dualidad sujeto/objeto.
Este sistema metafísico en el que la realidad tiene un aspecto dualístico tiene relación con Spinoza, autor estudiado por Schopenhauer en su etapa inicial de formación filosófica. Hay una influencia posterior muy peculiar, a saber los Upanishad, textos sagrados védicos de la India en donde se postula una realidad dualística similar a la recién discutida: el Brahman y el Atman. Así, Schopenhauer fue pionero en introducir perspectivas de las filosofías orientales a la filosofía europea.
La estética de Schopenhauer
¿Qué es la belleza? ¿Por qué la belleza es un tema recurrente en la civilización humana? Y añadiendo un toque personal: ¿Qué tiene que ver la belleza con las matemáticas?
Una de las ideas más características de Schopenhauer es que la voluntad es la causante del sufrimiento humano, y que en su incesante intento por sobrevivir, todos los seres vivientes están encadenados a un esfuerzo perpetuo en el que el daño a otros seres es inevitable.
Luego de llegar a esta desoladora conclusión, él ofrece tres vías para escapar del sufrimiento debido a la voluntad: la contemplación estética o bien la actividad artística, el ejercicio de la compasión por otros seres humanos, y por último el ascetismo. En los siguientes párrafos resumiré algunos de los planteamientos de su teoría estética. Me he basado en su excelente ensayo "Sobre la metafísica de lo bello y la estética" del compendio "Parerga y Paralipómena"; también se puede encontrar material detallado en el libro "El mundo como voluntad y representación" (§37 y ss.) aunque la discusión allí es más prolija.
Hay dos temas a discutir: el porqué de la experiencia estética, y una descripción metafísica de la misma. En primer lugar señalo que, característicamente del idealismo alemán, esta teoría se enfoca en la experiencia estética del sujeto, y no en estudiar las características abstractas de la belleza o de los objetos bellos. Por ejemplo, en lugar de discutir por qué las flores son bellas, nos interesa la experiencia de la persona que contempla la belleza de una flor. Esta postura ha sido bastante adecuada para mis investigaciones de la estética de la matemática.
Dentro del sinfín de matices que existen en la experiencia de lo bello, Schopenhauer nota que hay cierto tipo de belleza que causa placer de manera certera y estable. Este agrado al percibir la auténtica belleza proviene de la supresión del sufrimiento inherente a nuestra existencia, gracias al hecho de que la voluntad de vivir es temporalmente suspendida. Es muy interesante señalar que para Schopenhauer la felicidad y alegría son emociones "negativas" provenientes del cese del sufrimiento. No por nada estamos ante un pesimista…
Luego la verdadera belleza es aquella que no tiene que ver con nuestros fines personales: ausencia de voluntad. En otras palabras, lo verdaderamente bello "no sirve para nada". Me parece oportuno contrastar esta idea con la cultura de las matemáticas puras. Transcribo un párrafo del célebre ensayo "A Mathematician’s Apology" de G. H. Hardy:
Es innegable que una buena porción de las matemáticas elementales —estoy usando la palabra “elemental” en el sentido de los matemáticos profesionales, que incluye por ejemplo conocimientos básicos del cálculo diferencial e integral— tiene utilidad práctica considerable. Estas partes de la matemática son, en general, un tanto aburridas; son justamente las partes con menor valor estético. La matemática “verdadera” de los “verdaderos” matemáticos como Fermat, Euler, Gauss, Abel y Riemann, es casi prácticamente “inútil” (y esto es cierto tanto de la matemática “aplicada” como de la “pura”). No es posible justificar la vida de cualquier matemático profesional genuino mediante la “utilidad” de su trabajo.
Luego, la belleza del matemático cumple con el requisito de Schopenhauer de ser una belleza "inútil", y es por esto que esta teoría estética me pareció apropiada para acercarse a la belleza matemática desde un punto de vista filosófico. Ciertamente, para el matemático la belleza no es una meta por sí misma, sino una experiencia o fenómeno que ocurre en el transcurso de su trabajo. Cuando el matemático encuentra belleza en sus diferentes formas (simetría, orden, regularidad, etc.) generalmente esto es indicio de progreso, i.e. algo positivo y provechoso para la matemática misma.
Ahora pasamos a analizar lo que ocurre en el fenómeno de captación de la belleza, en la cual reconozco tres aspectos desde el punto de vista fenomenológico: el sujeto, el objeto y la intuición.
En primer lugar, Schopenhauer afirma que en lo bello captamos la esencia de la realidad. De acuerdo a su teoría metafísica, el retiro de la voluntad del sujeto de la experiencia estética conduce al nivel de objetificación más primitivo y fundamental: el de las "ideas platónicas". El sujeto se vuelve capaz de percibir este "conocimiento puro" mediante un refinamiento de la intuición. Sobra decir que dicha facultad de intuición requiere de mucha educación y experiencia de vida.


La belleza matemática presenta un paralelismo interesante: existen ciertas teorías tan abstractas cuya belleza es un tanto difícil de justificar para un observador casual. Dicha valoración parece estar al alcance únicamente de aquellos que logren captar la esencia de las ideas más allá del formalismo matemático. En efecto, la intuición matemática necesita ser desarrollada de la mano del rigor, tal y como el famoso matemático Terence Tao explica en su blog:
El objetivo del rigor no es destruir toda la intuición; en lugar de eso, debe ser usado para destruir la mala intuición mientras se aclara y eleva la buena intuición. Es sólo con una combinación de formalismo riguroso y buena intuición que el matemático puede abordar problemas complejos.
Regresando a nuestra discusión filosófica, en el acto de compemplación el sujeto recibe conocimiento de la realidad de forma involuntaria, y se transforma en un "sujeto puro del conocimiento". Estamos aquí ante un fenómeno paradójico: el intelecto es enriquecido por la intuición; pero para que esto ocurra, este ha de trabajar temporalmente de forma involuntaria, es decir ajena a los fines de la voluntad. Siendo el intelecto un instrumento de la voluntad, resulta curioso que una posibilidad de refinamiento intelectual resida en el cese de la función principal de nuestra inteligencia, la cual es ayudar a nuestra supervivencia.
Este aspecto trascendente del intelecto me parece algo muy provocativo y profundo; por ejemplo, podemos encontrar su influencia en lo apolíneo y dionisiaco según Nietszche. Estos conceptos forman parte de una teoría estética que propone un rol aún más protagónico de los instintos ante el intelecto… Una estética más visceral y apasionada.
Concluyo retomando las palabras de C. S. Lewis, uno de cuyos ensayos discutí en una publicación anterior: él argumenta que el cultivo de la ciencia y las artes es inherente a la cultura humana, y defiende su importancia incluso en situaciones extremas como la Segunda Guerra Mundial. Lewis imparte un significado espiritual a estas actividades; comparemos con Schopenhauer, que propone la experiencia estética y artística junto al ascetismo y al altruismo como vías de escape al sufrimiento. En otras palabras, tenemos diversidad de perspectivas que apuntan a la experiencia estética como una fuente profunda de conocimientos, un remanso de sabiduría que nos refresca y al mismo tiempo nos enseña sobre nosotros mismos al reflejarnos en él.
La matemática como ciencia y como arte
Las últimas ideas que abordaré del ensayo original conciernen a la voluntad en el desarrollo de la ciencia y las artes.
Schopenhauer propone analizar la distinción entre la ciencia y las artes según el rol que juega la voluntad en el quehacer del científico y del artista. En el caso de la ciencia, él afirma que el conocimiento debe ser el fin expreso de la voluntad, debido a la naturaleza relacional y lógica de la misma. En el caso del arte, como ya discutimos arriba, él propone como arte auténtico aquel que es producto de la acción del intelecto desprovisto de voluntad. Más aún, aquí hay una defensa de la labor artística que me parece muy fina: a través de la belleza, el artista es capaz de captar las cosas de manera puramente objetiva, por lo cual el arte nos permite comprender mejor nuestra realidad.
Ahora bien, si bien la inspiración o genio artístico más puro se debe por completo a la intuición, no estamos diciendo que la voluntad sea ajena al trabajo artístico. Podemos encontrarla en el perfeccionamiento de la técnica artística, y además en la planificación y ejecución de una obra. Aquí llegamos a experiencias de vida interesantes: aun cuando sintamos el llamado a ser artistas dentro de nosotros, y seamos bendecidos con mucha fecundidad de ideas, la decisión de extraerlas, pulirlas y desarrollarlas es voluntaria, y ciertamente se requiere de un buen grado de seriedad y disciplina para convertirse en un artista.
Por otro lado, en el trabajo del científico, ingeniero, etc. Schopenhauer destaca la estructura lógica impuesta por el intelecto, que es indispensable para la resolución de problemas de alta dificultad. Dicho de manera más mundana, aquí necesitamos de cualidades tales y como planificación, disciplina, perseverancia, etc. que nos permitan acercarnos a comprender la naturaleza del problema a resolver, encontrar métodos adecuados de resolución, desarrollar herramientas técnicas, etc. No hay ningún comentario sobre la intuición aquí, y esto es con lo que me gustaría finalizar, tomando a las matemáticas como mi ejemplo predilecto.
La postura de Schopenhauer respecto a las ciencias me parece similar al estructuralismo de George Pólya, matemático famoso por proponer un método sistemático de cuatro pasos para abordar un problema matemático. Aquellos que nos hemos curtido en la resolución de problemas (tanto a nivel elemental como a nivel de investigación), entendemos que aun cuando un paradigma como el de Pólya es útil para dar una estructura general a nuestro proceso de pensamiento, raras veces un problema obedece a un flujo lineal de ideas: existen saltos o discontinuidades que solemos atribuir a las cualidades de flexibilidad, espontaneidad, creatividad, etc., que por su naturaleza instintiva escapan a cualquier discurso estructuralista.
Por tanto, considero que la matemática es singular entre las disciplinas científicas en el sentido de que su técnica va de la mano de una intuición que participa en el trabajo del matemático casi a partes iguales. Espero retomar esta discusión de Pólya, Poincaré, intuición y belleza matemática en otra publicación.
Extra 1: Schopenhauer y el cuerpo
A la hora de estudiar esta teoría, hubo un aspecto en el que no pude evitar detenerme a reflexionar: ¿qué es el "sujeto puro del conocimiento" de Schopenhauer? En la práctica, podemos interpretar este estado de conciencia como aquel en el que, al margen de que el conocimiento sea accesible al intelecto o no, podemos "sentirlo en nuestro cuerpo": se trata de verdades que podemos sentir y a veces es difícil poner en palabras. Este aspecto corporal de la conciencia ha sido bastante discutido en círculos de psicología holística en años recientes (embodiment, somatic therapy por mencionar algunas palabras clave). También debo añadir que estas técnicas han sido muy útiles en mi propio proceso de sanar heridas emocionales.
Extra 2: la belleza del Yo
Hojeando la obra de Schopenhauer, no encontré mayor comentario sobre la captación de la belleza de una persona más allá de su apariencia física, sino de lo que podríamos llamar su verdadero Yo. Ciertamente existen personas bellas, más que por su físico por su humanidad. La teoría recién expuesta sugiere que la esencia de una persona, en particular de nosotros mismos, no es accesible únicamente por el intelecto: debemos permitirnos sentir o experimentar quiénes somos. En lo personal me parece muy curioso que la idea de admirar la belleza de una persona tenga menos resistencia cognitiva que la de encontrar belleza en nosotros mismos. Si miramos hacia adentro en búsqueda de algo bello, ¿lo encontraremos?
Referencias
G. H. Hardy, "A mathematician's Apology", https://www.arvindguptatoys.com/arvindgupta/mathsapology-hardy.pdf
Arthur Schopenhauer, "El mundo como voluntad y representación", 2a. ed., vol. I, Clásicos de la cultura, Ed. Trotta, Madrid, 2009.
Arthur Schopenhauer, "Parerga y Paralipómena", vol. II, Clásicos de la cultura, Ed. Trotta, Madrid, 2013, Cap. 19: "Sobre la metafísica de lo bello y la estética".
"Arthur Schopenhauer", Stanford Encyclopedia of Philosophy, https://plato.stanford.edu/entries/schopenhauer/
"Schopenhauer's Aesthetics", Stanford Encyclopedia of Philosophy, https://plato.stanford.edu/entries/schopenhauer-aesthetics/
Terence Tao, "There's more than rigour and proofs", What's new (blog), https://terrytao.wordpress.com/career-advice/theres-more-to-mathematics-than-rigour-and-proofs/