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"Para hacer matemáticas se debe pensar como niño" (Oka Kiyoshi)

Meses atrás, en el transcurso de algunas investigaciones sobre la creación matemática desde el punto de vista psicoanalítico, tomé interés en el pensamiento del matemático japonés Oka Kiyoshi (1901-1978). Conocí a Oka a través de Noguchi Junjiro, uno de mis maestros en el Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Tokio.

Resulta que Oka fue un pionero de las matemáticas japonesas, ampliamente respetado en Japón por su trabajo en la teoría de funciones en múltiples variables complejas, que le llevaron a colaborar con prominentes miembros de la escuela matemática francesa, tales y como Henri Cartan y André Weil.

Para conocer mejor la vida y obra de Oka, tuve a bien revisar algunas referencias disponibles en internet. Encontré un programa radial de Tokyo FM, que ofrece una perspectiva muy íntima de su vida y obra, y me pareció interesante traducirla de japonés a español.

Me he abstenido de mayor edición o comentario, dejando intactos algunos matices de la cultura japonesa. También espero que el mensaje del programa sea claro en mi traducción: los matemáticos podemos ser personas llenas de humanidad.


Episodio #143 (26/05/2018) ¡Conecta con tus sentimientos! - Especial desde Nara: el matemático Oka Kiyoshi

Han pasado 40 años (en 2018) desde la muerte de Oka Kiyoshi, matemático japonés y catedrático emérito de la Universidad Femenina de Nara. Su turbulenta vida, dedicada de lleno a las matemáticas, inspiró recientemente una serie de televisión japonesa.

Oka hizo descubrimientos fundamentales en matemática (concernientes a la teoría de funciones en múltiples variables complejas), y fue honrado ampliamente en su país, destacando en particular la Orden de la Cultura del Japón. Se dice que en la ceremonia de premiación, un periodista le preguntó lo siguiente: "¿Qué significado tiene para la humanidad la investigación matemática?" A lo cual él respondió como sigue.

"Las violetas que florecen en los campos simplemente florecen como violetas que son; son indiferentes al efecto que ello tiene en los campos de primavera."

Si bien Oka fue un matemático profesional, mantuvo su convicción de que los sentimientos eran lo más importante para el pueblo japonés. Los sentimientos contribuyen a nuestra personalidad, y el ser únicos como personas genera empatía.

Un día, luego de contemplar las pinturas del Museo de Arte de Nara, dio un paseo por el jardín, en donde había numerosos pinos. Al ver la forma de los árboles, Oka se conmovió.

"La silueta de estos árboles no evoca emociones neuróticas: ira, insatisfacción, mucho menos sed de fama. Simplemente se yerguen tomando la luz del sol. Aquí encontramos la belleza que nace de descartar lo innecesario y llegar a la esencia de las cosas. Ver la forma natural de las cosas, percibir su belleza, ¡eso es sentimiento! Los japoneses no deben olvidar jamás esto. Por otro lado, para perfeccionar el intelecto, los sentimientos también son importantes."

Oka amaba a Nara, considerada la cuna de la cultura japonesa. Él se preocupaba por legar a las nuevas generaciones no sólo el llamado patrimonio cultural, sino también las vistas más cotidianas y humildes. En sus últimos años de vida, se preocupó por el futuro de Japón y especialmente por los jóvenes japoneses.

Todo aquello que intentemos al extremo, llevándolo a los últimos límites, necesariamente nos terminará gustando. Luego de eso, conectaremos con sentimientos más profundos. Tal y como una persona que ha amado se conmueve al contemplar las hojas secas de otoño…

En este blog somos fans de Oka Kiyoshi.

Siendo un matemático independiente y original, la vida de Oka Kiyoshi seguramente tendrá algo que enseñarnos. Nació en 1901 en la ciudad de Osaka. Cerca del puente Tenmabashi, había un embarcadero para los botes que atravesaban el río Yodo. Él recuerda que en el camino había algunos crisantemos plantados.

La Guerra Ruso-Japonesa era inminente; su padre fue enlistado en el ejército. Junto a su madre, se muda a lo profundo de las montañas en los límites de la prefectura de Wakayama, donde viven sus abuelos. Su abuelo fue líder comunitario y político; dejó en segundo plano su riqueza personal a favor del servicio a la comunidad. El niño Oka recibió plenamente las enseñanzas de su abuelo.

"Kiyoshi, no olvides esto. Los demás van primero, y tú vas después." Estas palabras estuvieron grabadas en el corazón de Oka toda su vida.

Un verano, al regresar de la escuela primaria, su abuela le había preparado tokoroten (un platillo japonés). Al preguntarle qué le pareció, Oka respondió con sinceridad: "No me gustó mucho". Su abuelo lo regañó. "Tu abuela se tomó el tiempo de prepararlo para complacerte. No importa si te gustó o no; debes tomar en cuenta sus sentimientos y mostrarle agradecimiento". El canto de las cigarras de verano invitaba a la reflexión. Así fue como las enseñanzas de su abuelo permearon en él.

Por otra parte, Oka aprendió de su padre la belleza de los sentimientos; este fue un tesoro que lo acompañó durante su vida. Su padre, quien regresó del campo de batalla debido a problemas de salud, le contaba al pequeño Kiyoshi cuentos basados en la historia de los japoneses. La batalla de Oda Nobunaga en Okehazama y Kawanakajima, las fortalezas y debilidades de Uesugi Kenshin, etc.

"Kiyoshi, ¿sabes por qué los japoneses aman las flores de cerezo? Por su gracia a la hora de caer. Son graciosas como tu nombre". (Nota: El ideograma chino de Kiyoshi significa entre otras cosas gracioso o elegante).

Su padre no hablaba de hechos históricos, sino más bien del lenguaje del corazón: Dolor, tristeza, pena… Las conversaciones con él le encantaban y lo emocionaban. Se le quedaban en la cabeza más que las lecciones de historia de la escuela: la belleza de los sentimientos de los guerreros y nobles japoneses tocaron su corazón.

"Poema de muerte de Uesugi Kenshin" por Yoshitoshi (1890).

El padre de Oka deseaba que este se convirtiera en matemático. Él sabía que el trabajo de un académico no es bien pagado; eventualmente el dinero se convierte en un problema. Por ello, decidió acostumbrar a su hijo a sobrevivir con poco dinero y pocas pertenencias. De esa forma, lo crió como un niño sencillo sin deseos materiales. De hecho, en sus últimos años, Oka dijo: "los deseos materiales no son un instinto sino una mala costumbre".

Antes de entrar a la escuela primara, su medio hermano que había vuelto a casa por la vacación de verano recitó de memoria los cubos de los números dígitos. Al entrar a la primaria y estudiar los números dígitos por primera vez, su maestro se sorprendió. Sin haberlo aprendido aún, el niño Oka era capaz de recitar los números dígitos. Aceptó los cumplidos de su maestro humildemente, sin arrogancia.

Oka tuvo dos experiencias sentimentales durante la escuela primaria. Durante sus primeros años, sufrió abuso ("bullying") por parte de uno de los estudiantes más populares de 5/6º grado. Fue amenazado para darle dinero. Sin decir nada a su familia, tampoco sabía qué hacer. Decidió entonces tomar dinero del altar familiar al Buda.

Fue descubierto por su abuelo, quien decidió abordar la situación en la escuela. Dado que el abuelo era un líder comunal, los maestros estaban muy apenados. Los padres del niño abusador se disculparon. El asunto del "bullying" se cerró; sin embargo, el no poder resolver la situación por sí mismo provocó pensamientos desagradables en el niño Oka.

La otra fue durante 5º grado. Una joven profesora de canto quería mucho a Oka, y apreciaba sus habilidades. Algunos alumnos inquietos comenzaron a molestar a la profesora y a mofarse de ella. Como la mayoría comenzó a hacerlo, Oka llegó a unirse. La profesora terminó llorando. Cuando ella se dio cuenta de que Oka se unió a la burla, se sintió desolada. "¿Tú también, Kiyoshi?" Oka se sintió atravesado por esa mirada llena de lágrimas.

Cuando la gente es débil, siempre termina hiriendo a otros. Hay cosas que no es apropiado hacer. Hay círculos a los que no es aceptable unirse. Siendo expuesta su debilidad, Oka se juró a sí mismo lo siguiente: "Ya no quiero ceder a este tipo de pensamientos".

Posteriormente, Oka decidió perfeccionar el camino de las matemáticas. Continuó su investigación sumergiéndose completamente en ellas, sin importar la adversidad. Logró continuar gracias a que, desde pequeño, aprendió la importancia de los sentimientos.

Los sentimientos viven incluso en los números, a primera vista tan aburridos. En las matemáticas no hay nada de sobra: su mera elegancia es valiosa, como las ramas de los pinos a las que aludía Oka. Aquel que sea insensible al dolor humano es incapaz de hacer una obra de calidad.

Referencias

Enlace a programa radial de Tokyo FM (consultado 08/01/25):

https://www.tfm.co.jp/yes/archive/?id=146